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A veces, el más rápido; otras, el más inteligente. A fin de cuentas, el mejor. Por eso ha llegado a lo más alto del automovilismo Fernando Alonso. Ha ido siempre tan deprisa que hasta puede presumir de ser el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1. Pero tanta precocidad no significa que su carrera deportiva haya sido sencilla. Detrás hay mucha constancia y muchos sacrificios personales y familiares. También un puñado de nombres que confiaron en él cuando hacía falta. Porque ahora ya tiene el mundo a sus pies. Deprisa, deprisa Desde que le subieron a un kart con 2 años, la carrera de Fernando Alonso es vertiginosa La pasión de su padre, José Luis, por el mundo del motor resultó determinante Mario D. BRAÑA Fernando Alonso nació en Oviedo en 1981. En 1983 ya le subieron a un kart y desde entonces no ha dejado de progresar. Su infancia pasó rápido. De los peluches y coches de juguete, al kart que su padre había construido en principio para su hermana, Lorena. Desde entonces, el asiento duro del kart se convirtió en su elemento natural. Fernando es hijo de José Luis Alonso (maestro industrial) y Ana Díaz (hasta hace poco dependienta de El Corte Inglés en Oviedo). Desde los 4 a los 14 años estudió en el Colegio Santo Ángel de la Guarda, donde cursó Primaria y EGB. Pero su niñez fue diferente a la de sus amigos del cole. Su padre era un apasionado del mundo del motor y pronto pudo darse cuenta de que en el pequeño Fernando había madera. Con 3 años ganó su primera carrera y con 4 obtuvo la licencia oficial de la Federación Española de Automovilismo. En 1988 ya se proclamó campeón de Asturias infantil, tras imponerse en las ocho carreras. Y todo eso sin una instalación con las condiciones mínimas. Su padre y los de otros niños montaban cada fin de semana una pista de apenas cien metros en el aparcamiento de Auto Nalón. Antes ya habían habilitado uno en las instalaciones deportivas de la fábrica de explosivos de La Manjoya. Cuando Asturias le quedaba pequeña apareció Genís Marcó, un importador de karts que le proporcionaba los vehículos y buscaba patrocinadores. Con 11 años, y gracias a un permiso especial expedido por la Federación Española de Automovilismo, empezó a participar en los karts de 100 centímetros cúbicos (junior). En 1994 consiguió su primer campeonato de España de la categoría, superando incluso al campeón del mundo, Antonio García. Eso le permite dar el salto al Europeo y al Mundial, lo que le abriría las puertas del equipo italiano IAME. Con 15 años llega su confirmación a nivel internacional. Se proclama campeón del mundo junior y el Consejo Superior de Deportes le otorga la consideración de deportista de alto nivel. Pero su familia siempre le dejó claro que tenía que compatibilizar su pasión con los estudios. Muchos viernes al año, su padre le esperaba a la salida del Instituto Alas Clarín de San Lázaro para viajar durante horas al circuito que tocaba ese fin de semana. Las estrecheces de esa época también se notaban en el material. Los Alonso necesitaban ahorrar durante dos años para cambiar de casco, algo que para la mayoría de sus rivales era un asunto intrascendente. Pero luego, en la pista, el kart de Alonso siempre acababa por delante de sus rivales que podían permitirse el lujo de viajar en avión. A fuerza de constancia y sacrificios, la evolución de Fernando siguió sorprendiendo en el pequeño círculo en el que se movía. En 1998 le llegó la hora de cruzar el charco y, tras proclamarse subcampeón de Europa, participó en el circuito norteamericano, con carreras en Estados Unidos y Canadá. El ex piloto de Fórmula 1 valenciano Adrián Campos apostó decididamente por Alonso en sus comienzos como manager. Con buen ojo, le ofreció uno de los volantes de los nuevos monoplazas del Open Nissan. En 1999, antes incluso de sacar el carné de conducir, Fernando Alonso ya se sentaba en un fórmula. Con paso firme hacia la cumbre Aunque no conocía los circuitos y sólo pudo rodar 2.000 kilómetros en pretemporada, Fernando Alonso demostró muy pronto que el salto de los karts a los monoplazas no le iba a afectar. Frente a pilotos consagrados, que se jugaban mucho esa temporada, el ovetense se lleva el Campeonato Euro Open Movistar con unos números espectaculares: 9 poles, 8 vueltas rápidas y seis triunfos. Al margen de las cifras, Fernando se queda de aquel 1999 con momentos inolvidables: el inesperado dominio en la carrera de su debut, en Albacete; la demostración en Donington Park, con dos victorias en dos mangas, o el acoso al que sometió a Tomas Scheckter en la última vuelta de la última carrera del Campeonato, en Cheste. Convertido ya en un profesional del automovilismo, en el año 2000 Fernando Alonso deja los estudios en el COU y se convierte en piloto del Team Astromega (Benetton Junior Team) de la F-3.000, la antesala de la Fórmula 1. De hecho, los pilotos de F-3.000 ejercían de teloneros del gran «circo» en las diez carreras que ese año se disputaron en Europa. Fernando se encuentra en un pelotón de 30 pilotos, con un nivel tan alto que 24 de ellos logran puntos en el Campeonato. El ovetense, por supuesto, es uno de ellos. Pero no uno más. Aunque sólo conocía el trazado de Montmeló acaba cuarto en la clasificación general. Y, sobre todo, dejó para la historia la recordada victoria en Spa, un segundo puesto en otro circuito fetiche (Hungría) y una actuación memorable en Mónaco, donde salió el último por problemas mecánicos y terminó octavo tras varios adelantamientos espectaculares. Las bondades de Fernando Alonso no pasaron desapercibidas para un viejo lobo de la Fórmula 1, el italiano Flavio Briatore, que le extendió un contrato por cinco años con Renault. En octubre de 2000, con la espectacularidad propia de la Fórmula 1, fue presentado en Venecia como piloto de Benetton Renault, aunque ya entonces se sabía que ese volante tendría que esperar. En 2001 le tocó endurecerse física y moralmente en Minardi, la última de la fila de las escuderías del Mundial. Para empezar le sirvió para convertirse en el duodécimo piloto español de F1 (aunque sólo cinco, el Marqués de Portazgo, Adrián Campos, Pérez Sala, Marc Gené y Pedro Martínez de la Rosa lo han sido realmente) y el primero que lo conseguía sin aportar un patrocinador. Por sólo 36 días no sumó a su palmarés el de convertirse en el debutante más joven de la Fórmula 1. Lo hizo en Australia, con 19 años y 218 días, sólo por detrás de Tackwel (19 años y 182 días) y Rodríguez (19 años y 208 días). Pero, a diferencia de ellos, Fernando pronto demostraría que había llegado para quedarse. El comienzo de aquella temporada puso a Fernando en la pista de lo que iba a tener que soportar. Los coches llegaron a Australia sin terminar de montar por la incertidumbre sobre la continuidad de Minardi, salvada por la llegada de Paul Stoddart, dueño de European Aviation. Después, pese a competir con un motor Ford con 100 caballos menos que sus competidores más próximos, Alonso terminó nueve carreras, y cuatro de ellas con algún coche por detrás. Tras ese año, obligado pero terrible para alguien tan competitivo como Alonso, Briatore le repesca para convertirlo en piloto probador de Mild Seven Renault en 2002. Fernando recorrió muchos kilómetros con el R202 que después, en carrera, llevaban los dos pilotos oficiales, Jenson Button y Jarno Trulli. Pero Alonso fue algo más que el tercer piloto aquel año. Sus condiciones no pasaban inadvertidas dentro ni fuera de su equipo. Incluso una leyenda como Niki Lauda solicitó durante aquella temporada permiso a Briatore para que Fernando probase el Jaguar R3. Cuando sólo se había desarrollado la mitad del Campeonato, el director general de Renault Sports, Patrick Faure, anunciaba que el asturiano sería piloto oficial en 2003 en lugar de Button. A partir de ahí ya nada podía frenar la progresión de Fernando Alonso.
La gloria podía esperar Al finalizar la temporada 1999, Fernando se subió por primera vez a un Fórmula 1, en unas pruebas privadas de la escudería Minardi en Jerez. Como ya era costumbre en él, Alonso sorprendió. En apenas una docena de vueltas, y sobre un asfalto mojado, el ovetense consiguió unos tiempos muy próximos a los del entonces piloto oficial de la escudería Marc Gené, que había ganado el Open Nissan la temporada anterior. Los intereses de las principales empresas españolas relacionadas con el mundo del motor (Telefónica y Repsol-YPF) impiden que Fernando se salte el escalón de la F-3.000 para pasar directamente a la Fórmula 1. Con poca experiencia y 18 años recién cumplidos, Alonso tuvo que esperar un poco más, lo que le impidió convertirse en debutante más joven de la historia de la Fórmula 1. De récord en récord a los mandos de un Renault En cuanto Renault puso en manos de Alonso un monoplaza con posibilidades, los resultados no tardaron en llegar. Así, el 22 de marzo de 2003 se convirtió en el piloto más joven en lograr una pole position (21 años, 7 meses y 22 días, en el Gran Premio de Malasia) y en el primer español en subir al podio. También fue el más precoz en ganar una carrera (Hungría, con 22 años y 26 días). El 20 de marzo de 2005, en Malasia, consigue su segunda victoria y se convierte en el primer español líder del Mundial de Fórmula 1. Fue el primer paso hacia el título mundial que acaba de conseguir.
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