SUS INTIMOS

Para la mayoría, Fernando Alonso es un ídolo inalcanzable, tanto en los circuitos como fuera de ellos. El «fenómeno Alonso» se ha desbocado de tal manera que Fernando no puede salir a la calle sin sufrir una avalancha. Por eso, de hace dos años para acá, es difícil verle incluso en su ciudad, en Oviedo. Sólo mantiene el contacto con un reducido grupo al que ya conocía antes del boom. Y todos, los que le conocen de guaje y los que se incorporaron en marcha, destacan de él tres características: su seriedad en el trabajo, su obsesión por la victoria y su carácter ameno, divertido, en la intimidad. Para ellos, Fernando sí es un fenómeno cercano.

El fenómeno cercano

 

Las personas que han estado o están en el círculo íntimo de Fernando Alonso coinciden en definirlo como un profesional meticuloso y una persona divertida en las distancias cortas

el nieto

de tante

Ahora que todos presumen de haberle visto primero, Roberto Villar se limita a recordar casi con lágrimas en los ojos al abuelo materno de Fernando, Constantino Díaz, «Tante». Para Roberto, propietario del bar Casa Paulino, de La Manjoya, donde se creó la primera peña alonsista, Tante fue un apoyo fundamental en los primeros pasos automovilísticos de Fernando Alonso. Roberto Villar recuerda, por ejemplo, las apuestas que se cruzaba con Tante a costa de su nieto: «Muchos vinos le gané».

También alguna vez le tocó pagar a Roberto. Pero eso fue por desafiar al propio Fernando: «Una vez, en un circuito en Corvera, estaba cabreado porque no le salían las cosas. Me acerqué y le enseñé 750 pesetas, todo lo que tenía en el bolsillo en aquel momento. Le dije que si ganaba la carrera, se las daba. Y ganó el desgraciáu».

De las experiencias personales de Roberto Villar y Fernando Alonso podrían salir un montón de anécdotas: «Un día vino conmigo y mis hijos a la compra. Dejé el coche en doble fila con las llaves puestas y entré al supermercado. Cuando salí estaba 50 metros más abajo porque se había pasado al asiento del conductor y había quitado el freno de mano». Nada raro a la vista de su precocidad: «Era frecuente verle conducir en las rodillas de su padre».

Cada tarde de domingo, Villar acompañaba a Alonso, junto a sus padres y su abuelo, en su peregrinar por los circuitos asturianos. «De más guajín», explica, le cogía en brazos en los podios para que le colgaran el collar de laurel del vencedor. Competía contra gente de más edad y había que auparle», señala.

En los descansos de las competiciones, entre clasificación y clasificación, Villar cogía «una pelotina» que llevaba siempre en su coche y se ponía a «dar unos toques» con él. Una costumbre que no gustaba nada a José Luis, el padre de Fernando: «Me echaba unas bullas tremendas. Tenía miedo de que le fuera a pasar algo al guaje y no pudiera conducir».

Villar desvela que Alonso era «muy supersticioso». Sabedor de ello, un día decidió hacerle un regalo que le acompañase durante las carreras. Estaba en la Fórmula 3.000. «Le di un tríptico de plata con la Santina dentro, para que lo llevara en su monoplaza y le diera suerte». Pero el resultado no fue el esperado. «Al poco tiempo me dijo que no lo llevaba porque le había dado mala suerte».

 

 

el primero, el último

 

José Luis Echevarría, ahora director-gerente del Circuito de Asturias de karting, en La Belga, también conoce a Fernando Alonso desde que nació. Antes ya había visto incluso a su padre, José Luis, competir en pruebas de karts. Como presidente de la comisión de carreras en Asturias, José Luis pudo seguir muy de cerca los primeros pasos de quien pronto fue conocido como «el Nano».

Eran tiempos de penurias, que obligaban a Echevarría y a un puñado de padres a echar imaginación para compensar la falta de instalaciones: «Todos los fines de semana montábamos un circuito en el aparcamiento de Auto Nalón. Fernando era el más pequeño de un grupo de 40 guajes. La mayoría, cuando el tiempo era malo, faltaba. Fernando era el primero en llegar y el último en marchar. Lo recuerdo dando vueltas y vueltas en aquellos 100 metros».

Echevarría destaca el carácter de aquel crío que, con 5 o 6 años, se comportaba con una seriedad casi de profesional: «Como competía con críos mayores que él, en las carreras le doblaban. Pero a él no le importaba. Él allí seguía, vuelta tras vuelta. Al final le preguntaba, ¿qué tal Nano? Y él siempre contestaba lo mismo: Muy bien, yo gané». Sólo dejó de decirlo un año, el que el grupo de padres y jóvenes pilotos ayudó a Echevarría a construir el circuito de La Belga.

Según Echevarría, por su conducción, cuando Fernando tenía 10 o 12 años nadie podía imaginar que podía llegar a donde ha llegado. «Otra cosa era su personalidad. Era como hablar con un paisano de 20 o 30 años. Y con una memoria prodigiosa. Era capaz de recordar hasta el más mínimo detalle de una carrera de mucho tiempo atrás».

Cree que, básicamente, Fernando sigue siendo el mismo que hace diez años circulaba por La Belga. «Lo que me fastidia es que ahora hay gente que se aprovecha de él. Pero el fenómeno es impresionante. Últimamente, todas las semanas vienen al circuito periodistas extranjeros. Y te hablan de Fernando como en mi época se hablaba de Bahamontes o de Poulidor».

«Cada día es más normal porque no le gusta el mundo en el que se mueve, toda la parafernalia que rodea a las carreras», recalca Echevarría para replicar a los que consideran que el éxito ha cambiado a Fernando: «Estoy seguro de que disfrutaba más en aquella época, en el circuito, pasando frío y comiendo bocadillos». Y confirma que «sigue siendo una persona tímida con la gente que no tiene confianza. Pero es un inquieto total y prepara auténticas venganzas con las personas de su círculo». José Luis Echevarría es uno de ellos, pero no se recuerda víctima de las trastadas de Fernando: «No sé por qué, pero a mí siempre me cuidó mucho».

 

 

mágico y humilde

Al igual que José Luis Echevarría, Helios Rodríguez no tiene ninguna fotografía con Fernando Alonso. Y eso que le conoce desde hace cinco años, durante los que han coincidido en la cena anual de la peña FA Magic de Pola de Siero, de la que es presidente. Helios se declara seguidor de Alonso desde la temporada en Fórmula Nissan, aunque dio el paso de formalizar esa admiración al año siguiente.

«Fui a hablar con él y con el padre la semana antes de la carrera de Spa en F 3.000: «Era nuestro circuito fetiche y estábamos empeñados en hacer la peña coincidiendo con esa carrera». Era el año 2000, pero Helios y su gente tuvieron la precaución de identificarse con las iniciales: «Ya contábamos que iba a pasar lo que ha pasado, y que no íbamos a poder usar su nombre completo».

Su admiración por Alonso piloto se disparó al conocerlo personalmente: «La primera vez que hablé con él aluciné. Es buen piloto, pero aún mejor persona. Con nosotros siempre se ha comportado como uno más. También nosotros procuramos que nadie le agobie en las cenas. Por eso queremos ser pocos, un máximo de cien socios».

Gracias a esa carencia de protocolo, Helios asegura que Fernando se muestra tal como es en sus apariciones anuales en la peña polesa: «Es muy comediante, muy chistoso. Se queda constantemente con la gente y, concretamente, conmigo. La última vez fue a cuenta de una cámara de fotos que no conseguía hacer funcionar. Y como él controla bastante de fotografía, la arregló y me abrasó».

Claro que cada vez es más difícil que Helios y los de su peña sufran las consecuencias del ingenio de Fernando. Lo asumen como exigencias del éxito: «El año de Minardi, en Montmeló fuimos a tocar la gaita delante de los boxes y salió toda la familia a saludarnos. Pudimos hablar con él tranquilamente. Este año ni siquiera lo intentamos».

Helios, comprensivo, ni siquiera intenta hablar con Fernando y mantiene el contacto a través de su padre, José Luis. En vísperas de que se confirmase el título mundial, el presidente de FA Magic pedía un poco de mesura: «Todo lo que se está montando alrededor de Alonso es muy futbolero. Mucha gente va más por la comedia que por las carreras. Nos gustaría hacerle un recibimiento apoteósico, pero sin montar escándalos».

 

 

amistad de gimnasio

La de Fernando Azurmendi empezó siendo una relación profesional y ahora ha derivado en una sólida amistad. Y todo empezó un poco por casualidad. Fernando Alonso necesitaba un preparador físico de cara al gran salto de su carrera deportiva. Y ahí estaba Azurmendi: «Fue la temporada de la F 3.000. Acudió con su padre al Palacio de los Deportes cuando ya se intuía su paso a la Fórmula 1. Sabía que iba a necesitar una preparación especial».

«Podría haber ido con cualquier compañero de los que daban clases en el Palacio. Quizá se inclinó por mí porque estaba relacionado con el mundo de los rallies. Ya había preparado a Daniel Alonso. Habló con los coordinadores deportivos y me lo mandaron a mí».

Para Azurmendi, incluso en aquel momento, entrenar a Fernando Alonso se convirtió en un reto: «Me comentó lo que pretendía y empezamos a trabajar sin más. Para mí fue un poco conejillo de indias. Yo conocía el mundo de los rallies, pero me fue pasando información sobre requerimientos de pista. Hoy en día podemos decir que tenemos uno de los mejores organigramas de trabajo. Y en nuestro grupo de trabajo están Alberto Hevia, Sordo y Javi Villa. Estamos reconocidos en toda España».

Con este encargo, Azurmendi se puso al día de la Fórmula 1: «No había nada experimentado al respecto. Conocía algo de bibliografía, pero había que pasarlo a la práctica. Hacíamos acondicionamiento físico general y después lo que él me pedía».

Ahora ya puede hablar de las diferencias incluso con los pilotos de otras especialidades: «En las carreras de Fórmula 1 hay una hora y media de gran exigencia. Es importante trabajar para fortalecer la zona del cuello, lumbares y cervicales. Y, por supuesto, un buen tono muscular general. También hay ejercicios específicos para las muñeca y antebrazos».

Los dos Fernando fueron aprendiendo sobre la marcha: «Quizás en principio hicimos un trabajo excesivo en el cuello. No sabíamos hasta dónde teníamos que llegar». Pero, como profesor, Azurmendi siempre estuvo encantado con su alumno: «Era muy fácil entrenar con Fernando porque le encanta el deporte. A otros pilotos hay que convencerlos. Además, le gusta todo, la  bicicleta, el fútbol, el tenis. Hacíamos una sesión de 10 a 12 y pico, pero después era raro el día que no buscaba un grupo para jugar un partido de fútbol».

Aunque algunas de esas especialidades podrían resultar contraproducentes para un piloto de Fórmula 1, Azurmendi matiza: «Hay que dejar que se liberen del trabajo rutinario. También es importante interpretar cuáles son las necesidades del piloto. A veces es bueno dar una vuelta en bicicleta para desconectar, para hablar. A estos niveles, al deportista hay que escucharlo mucho. Que se suelte, que suelte sus impresiones y sus sensaciones».

Sobre su relación con el piloto, Azurmendi asegura que «al principio era meramente profesional. Pero en cuestión de quince días conectamos personalmente. Durante los primeros seis o siete meses pasamos muchas horas juntos. Es fundamental porque como no exista feeling entre el preparador y el deportista, eso no funciona».

La relación entre Fernando Alonso y Fernando Azurmendi continúa viva. «Nada más llegar a Oviedo me llama. Y también después de cada carrera. Humanamente, Fernando no cambió en absoluto. Al menos para mí. Pero hay que tener en cuenta que de 365 días del año, apenas le quedan 30 para él. Si en ese período tiene 40 compromisos, a alguno tiene que decir que no». Por todo el revuelo que se forma, sus estancias en Oviedo se limitan a casa de sus padres o las de los amigos más cercanos. Incluso el propio Azurmendi acude al gimnasio que ha montado en su casa, para evitar la exposición pública en el Palacio.   Azurmendi confía en que, poco a poco, todo esto se normalice: «Una vez que pase todo este boom, espero que Fernando se pueda mover por Oviedo con bastante más tranquilidad. Porque en Oviedo es donde él mejor se encuentra. Le encanta dar un paseo con sus amigos. O moverse por los alrededores y subir al Angliru, por ejemplo».

Azurmendi sabe que no descubre nada cuando habla de la característica más destacada del carácter de Alonso: «Es extraordinariamente competitivo. Sales a dar un paseo, en bicicleta, y en seguida te empieza a retar. Quiere ganar hasta a las chapas».

 

 

saca el carné

José Vicente García podría presumir de haber enseñado a conducir a Fernando Alonso. No por nada, sino porque un buen día de 1999 Fernando apareció en la autoescuela RACE, poco antes de cumplir los 18 años. Ahí empezó una relación que continúa ahora por la condición de García de presidente de la peña alonsista con más socios, llamada F1 Oviedo desde que las exigencias comerciales obligaron a suprimir el nombre del piloto.

Según José Vicente, Fernando eligió su autoescuela porque era la más próxima al domicilio de Alonso entonces, en la calle Campomanes.

Hasta ese momento, José Vicente sólo conocía a Fernando de oídas, sobre todo por su título mundial de karts, aunque también había participado en actividades de educación vial del organizadas por el RACE. «Lo recuerdo con  unos pantalones cortos y unas patucas muy delgadas, preparado para empezar a la clase».

Aunque parezca mentira, Alonso fue «casi» un alumno más de José Vicente García: «Eliminamos los preámbulos del proceso de manejo del coche y nos volcamos en aspectos como el de la colocación en la vía o el respeto a las normas». Asegura que, pese a su incipiente popularidad, Alonso nunca se dio importancia: «Fue muy disciplinado. Sabía muy bien lo que quería y no se salía del guión. Nunca corrió dando clase. Iba en los límites, pero bien, con control. En el examen, en Luarca, optó por ir despacio y casi lo suspenden».

De ahí surgió una cierta relación de amistad: «Hablábamos de las carreras. Poco después se creó la peña en La Manjoya. Me hice socio, después estuve de secretario y pasamos a Oviedo». Ahora, como la mayoría, la relación ha cambiado por razones evidentes:  «Hablamos poco con él, pero veo que es el de siempre. Pero lo tienen encerrado en un búnker».

Lejos quedan ya, incluso, los tiempos de su debut en Fórmula 1, con Minardi: «En Barcelona todo el mundo nos preguntaba quiénes éramos y que de dónde era la bandera que llevábamos. Casi nadie sabía quién era Alonso. Y ahora, ya ves...».

 

 

sigan a ese muchacho

La primera vez que Adrián Campos supo de Alonso fue en una carrera de karts que compartieron, en Barcelona. Y no le pasó desapercibido: «Era una prueba del Marlboro Masters, de leyendas. Fernando llevaba la cámara de televisión. Podíamos entender que aquel crío fuese más rápido que nosotros, pero no que nos adelantase y nos dejase pasar con aquel desparpajo».

El siguiente contacto llegó, ya con Campos retirado de la competición: «Hasta que Fernando no tuvo 16 años ya no lo volví a ver. Lo fui siguiendo y en cuanto pude le di una oportunidad». No recuerda ningún detalle especial de aquel primer cara a cara: «Habló muy poco, pero fue fácil llegar a un acuerdo».

Con el traslado a Valencia, la relación Campos-Alonso se intensificó: «Ha estado en mi casa muchas veces y hemos pasado buenos ratos. Es una bellísima persona». Desde entonces sólo ha observado un cambio significativo: «Físicamente es otro. Tenía un cuerpo de niño. Ahora es un atleta puro y duro, con un físico excelente. Es por su gran determinación. Como cuando aprendió a hablar inglés en dos meses».

En lo fundamental, según Adrián,  todo sigue igual: «En las distancias cortas sigue siendo el de siempre. Es un burlón. En  cuanto puede se te sube a la chepa. Y cuando las cosas no van bien es cuando saca ese punto de humor para relajar el ambiente».

Adrián Campos lleva bien su condición de ex manager del ídolo del momento: «Entre nosotros no ha cambiado nada. Sigo teniendo la misma relación de siempre, pero profesionalmente no tengo ninguna responsabilidad». Considera el título mundial también «un poco mío», sin más, convencido de que sólo es el comienzo: «La leyenda de Alonso acaba de comenzar».

 

 

la hora de repostar

«Para Soto, de tu amigo Alonso» es la dedicatoria que José Soto, propietario del restaurante Punto y Coma, de Oviedo, guarda como oro en paño en su local. En su caso bien podría decir que ganó a Fernando por el estómago. Todo empezó hace seis años, cuando Soto era copropietario del Yantar de Campomanes. «Fernando tenía amistad con José Luis, un camarero que ahora está aquí, conmigo, y por ahí trabamos relación».

A partir de aquel momento, en cualquier lugar del mundo, Alonso pudo disfrutar del jamón ibérico que Soto le enviaba envasado al vacío. «Con Fernando es muy fácil conectar porque es sencillo, muy buena gente», señala José Soto, al margen de la publicidad que supone para su negocio. Y eso que, por razones obvias, él y todo su equipo procuran la máxima discreción.

«Cuando viene a comer o a cenar me llama sobre la marcha. Aparca el coche en mi plaza de garaje y siempre se sienta en la mesa 13», desvela Soto, señalando la zona más discreta del local. Fernando suele ir acompañado de su familia, sobre todo en fechas especiales: «Hace poco cogió un avión en Italia para venir a celebrar aquí su cumpleaños».

Según Soto, los clientes que han coincidido con él se han mostrado sorprendidos, pero respetuosos. «Le dejan tranquilo. Eso sí, algunos me dejan camisetas y gorras para que se las firme». Al margen del jamón, a Fernando le encanta la carne, el solomillo