
Gilberto Sánchez Jardón, profesor del Instituto de Tapia, pasa por ser el biólogo que mejor conoce las condiciones naturales de la ría. Estima que en estos últimos años el Tesón –el banco de arena acumulado en la zona central– se ha incrementado un 20 por ciento. En los últimos 25 censos anuales de aves se ha constatado, además, que la ría ha perdido la mitad de su población de anátidas (patos) que acostumbraban a invernar. Si al principio del período llegaban unas 4.000 aves, en la actualidad sólo se contabilizan 2.000. Sánchez Jardón precisa que las causas no se pueden determinar con certeza «pues necesitaríamos para demostrarlo dos rías, una con espigón y otra sin». No obstante, los cambios –más arena y menos patos– empiezan a constatarse con la llegada de nuevas infraestructuras.
Gilberto Sánchez Jardón subraya que una de las claves de la situación ambiental del estuario es su carácter fronterizo «El problema está en que es una ría compartida entre dos».
– ¿Y usted cree que las administraciones le prestan atención?
– En la práctica, cero.
Sobre el papel, la ría del Eo acumula unos cuantos acrónimos de rango europeo –LIC, zona ZEPA, zona RAMSAR– pero el nivel de protección ambiental que le aplican ambas administraciones es mínimo. El Principado ha catalogado la ría como reserva natural parcial en su Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias (PORNA), pero no ha sido declarada como tal. Lo que sí va a hacer es un centro de interpretación y un mirador de aves en la zona de Las Granxas, donde el Ayuntamiento proyecta también un parque temático sobre energías renovables que, según el Alcalde, «será una referencia turística en el Occidente».
Una referencia cifrada en 12 millones de euros.
